
En distintas regiones de México, la llegada de la primavera se celebra como un momento de renovación, energía y conexión con la naturaleza. Uno de los escenarios más emblemáticos es Chichén Itzá, donde cada equinoccio miles de personas se reúnen para presenciar el fenómeno de luz y sombra en la pirámide de El Castillo, asociado con la serpiente emplumada Kukulkán.
Vestidos de blanco, los asistentes buscan “recargarse de energía” mientras participan en rituales simbólicos, danzas y actividades culturales. Más allá de lo espiritual, el Festival de la Primavera también incluye música, gastronomía y expresiones artísticas que reflejan la riqueza cultural mexicana. Es una celebración que une tradición ancestral y vida contemporánea en un ambiente festivo y lleno de significado.

El Domingo de Ramos que este año se celbrará el 29 de marzo, marca el inicio de la Semana Santa en México y representa una de las tradiciones religiosas y culturales más arraigadas del país. La fecha conmemora la entrada de Jesucristo en Jerusalén, cuando fue recibido por la multitud con ramos de palma.
En distintas ciudades y comunidades mexicanas, la jornada inicia con celebraciones litúrgicas en las que los fieles llevan palmas tejidas artesanalmente para ser bendecidas. Estas palmas, muchas veces trenzadas en forma de cruces, flores o figuras decorativas, forman parte de una tradición artesanal que se transmite de generación en generación. Después de la misa, las familias suelen llevarlas a sus hogares y colocarlas junto a imágenes religiosas como símbolo de protección y fe.
El Domingo de Ramos también tiene un importante componente cultural / gastronómico. En los alrededores de iglesias y plazas es común encontrar puestos de comida tradicional y dulces típicos, donde las familias comparten alimentos después de las celebraciones religiosas. Entre las preparaciones más habituales de la temporada se encuentran antojitos mexicanos, tamales, atoles y bebidas tradicionales, que acompañan la convivencia comunitaria característica de estas fechas.
De esta manera, la celebración combina espiritualidad, tradición artesanal y gastronomía, reflejando la riqueza cultural con la que México vive el inicio de la Semana Santa.

La conmemoración del Día de los Difuntos muestra la diversidad cultural del país de los cuatro mundos. El 02 de noviembre, el Ecuador en cada una de las regiones recuerda a sus difuntos con tradiciones ancestrales y ritos que son parte de su cultura, para honrar con diversas actividades la memoria de sus seres queridos.
REGIÓN DE LOS ANDES
TULCÁN
El Cementerio Municipal, con sus más de 300 esculturas vivas de ciprés, que lo convirtieron en Patrimonio Cultural del país desde 1984, espera a miles de fieles y turistas que llegan al camposanto para apreciar las dos secciones del cementerio: Parque de los Recuerdos y el Altar de Dios; limpian los sepulcros y decoran con arreglos florales.
IMBABURA
La provincia realiza rituales que muestran la cultura ancestral indígena y la religión católica. En Otavalo las comunidades indígenas comparten alimentos como granos que producen la tierra, papas, cuyes y la tradicional chicha; limpian y adornan las tumbas de sus seres queridos; amigos y familiares que toman el nombre de responseros, elevan plegarias y rezos fúnebres en las tumbas. En Antonio Ante se vela a los difuntos en los camposantos durante la noche previa al 2 de noviembre, decoran las tumbas con velas y antorchas, en ocasiones acompañan sus rezos con agrupaciones musicales.
PICHINCHA
Los camposantos en la provincia de Pichincha reciben a los fieles quienes depositan ofrendas florales y rezan en las tumbas de los difuntos. En los hogares se prepara la tradicional colada morada acompañada de guaguas de pan y es compartida por los familiares.
COTOPAXI
En los cantones de Saquisilí y Pujilí, el 3 de noviembre, las familias que recorrieron los camposantos el día anterior retornan a las 05H00 am para recoger las bandejas de alimentos que se ha dejado como ofrenda; esta comida es repartida a toda la comunidad comprobando que ha sido degustada por las almas de sus seres queridos.
TUNGURAHUA
En el cantón Ambato, la fecha de finados se conmemora con la organización de tres ferias en las que participan artesanos con productos textiles hechos en hojalata, cuero, madera, cerámica y serigrafía como ollas, carros y rompecabezas que se exhiben en la quinta El Rosario y en la parroquia Pinllo.
CHIMBORAZO
En el cantón Riobamba parroquia rural de Yaruquíes, el 2 de noviembre los pobladores con sus familias, después de visitar a los difuntos, se reúnen para participar de juegos como la perinola y los cocos chilenos. En Riobamba, las parroquias Yaruquíes, San Luis, Cubijies y Quimiag, reviven al Animero, personaje que representa a los difuntos quien viste túnica blanca y lleva en las manos una calavera humana, una Biblia y una campanilla; y recorre por los cementerios recitando oraciones fúnebres. Los días 2 y 3 de noviembre se realizan vigilias en los cementerios con oraciones, ofrendas florales y comida en las tumbas de los difuntos. En los cantones Riobamba, Chambo y Guano se realiza un pregón nocturno con la presencia de un Animero que recorre las calles de las urbes.
CAÑAR
Los familiares llevan al cementerio objetos valiosos del difunto y se invita a participar del juego Piruruy (juego de dados). Según la suerte que tire, se pueden conocer sus necesidades o sus reproches. En la cosmovisión andina, en este día se expresa la reciprocidad entre quienes viven en el Kay Pacha (mundo terrenal) y los que coexisten en el Uku Pacha (mundo de los muertos). En estas fechas como parte de un rito ancestral se elabora y se consume la colada morada y las “guaguas” de pan.
CUENCA
Las comunidades indígenas de Azuay y Cañar visitan el cementerio y comparten en las tumbas de los difuntos los alimentos que llevan. Este rito se sustenta en la creencia de que la muerte es un mero paso a otra vida similar a esta y que el difunto vuelve cada año, por eso hay que prepararle sus platos preferidos. Los habitantes de sectores rurales visitan los cementerios por las noches y permanecen en vigilia con cánticos y oraciones.
LOJA
La venta de ‘guaguas de pan’ y colada morada en los portales de las principales plazas es parte de la tradición de esta fecha, luego de la eucaristía en honor de los difuntos en cada una de las iglesias de la localidad, previo a la visita a los camposantos con flores, coronas y oraciones
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Desde mediados de octubre, una bebida empieza a copar las vitrinas de restaurantes y hasta la cocina de hogares. Se trata de la colada morada.
La colada morada tuvo su aparición en la época prehispánica por parte de los pueblos ancestrales que veían a la muerte como una fase de la existencia del ser humano al trascender a otro mundo o hacia una nueva vida.
El chef Miguel Burneo cuenta que antes se tenía la tradición de desenterrar a los muertos para compartir con ellos esta temporada. Sin embargo, la colonización tuvo impacto fuerte en la tradición que desterró esta visión y práctica lo que derivó que se introduzca otra manera de ‘compartir’ con ellos.
Con el tiempo, esto fue modificando y sobre el siglo XIX ya se tiene registro de estos platos que eran parte de la tradición oral de los antepasados. En varias generaciones se había convertido en una tradición que los abuelos prepararan la bebida y esta sea consumida en familia.
El simbolismo de este plato está dirigido hacia que la guagua de pan representa al difunto, mientras que la colada morada es la sangre.
Burneo destaca que además de la cosmovisión que encierra la bebida, también permite la integración de ingredientes de tres regiones del país como es el mortiño del páramo, la piña de la Costa y el ishpingo de la Amazonía.
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